Quant à moi, j’attends les cosaques et le Saint-Esprit! Tout le reste n’est qu’ordure.
How to avoid a climate disaster (Bill Gates)

Me entregaron este libro en el pack de bienvenida de la gestora a la que me incorporé hace poco. Sospecho que son pocos los que se han molestado en leerlo, ars longa vita brevis.
A raíz del episodio de Joe Rogan en el que entrevista al Dr. Steven E. Koonin, decidí darle una oportunidad. Condicionado por ese episodio, esperaba una argumentación sólida sobre el calentamiento global antropogénico, pero la realidad es que es un prespuesto del libro, se da por hecho. A partir de ahí, Gates clasifica las actividades humanas y su contribución a los 51 mil millones de toneladas de CO2 que, supuestamente, emite la humanidad anualmente.
Para explicar cómo evaluar las tecnologías alternativas recurre al concepto de “prima verde”, que representaría el coste adicional en que se incurre al emplear una tecnología “verde” respecto de la tecnología actual. Así, propone estrategias para hacer que esa prima se reduzca o sea negativa, de manera que su adopción crezca de forma rápida para conseguir que en 2050 las principales economías sean neutras en términos de emisiones de CO2 equivalentes.
Repasa todos los tópicos habidos y por haber en el sector (desde las baterías, a la captura directa de CO2, pasando por el hidrógeno verde y la necesidad de consumir menos carne y leche). Está escrito con un estilo bastante llano y ligero, incluso contiene de vez en cuando chascarrillos. Esto creo que es más fácil hacerlo en inglés que en español. Con todo, a uno le queda la sensación de cierto paternalismo hacia las naciones menos ricas y hacia el lector, al que de vez en cuando, se le recuerda lo pobre es en comparación con el autor.
La invasión de Ucrania y el encarecimiento del precio de la energía para Europa, han venido de perlas a los que defienden la apuesta por las renovables. No sé cómo se traducirá esta cuestión en términos políticos y legales (instrumentos coasianos o pigouvianos, fundamentalmente), pero no me cabe duda que desde la Comisión se presionará a los Estados miembros para que actúen facilitando la implantación de nuevos proyectos renovables con mayor ahínco, si cabe.
Esta cuestión política/estratégica no ayuda a que nos planteemos seriamente la veracidad de eso que llaman “consenso científico”. Me da cierto pánico que, en nombre de ese consenso, representado por Expertos, se cometan nuevas tropelías en las que los administrados/ciudadanos/sujetos pasivos no tengamos nada que decir. El consenso no creo que sea un criterio epistemológico válido. Los modelos existentes adolecen de un problema difícilmente resoluble/mitigable que es la cantidad y calidad de las observaciones en las que se basan las conclusiones que se alcanzan.
Así, creo que no hay que perder de vista el coste de oportunidad en el que se incurre cuando se decide gastar un euro en una cosa y no en otra. Cuando hablamos de bienes públicos, como es el caso, también debemos reflexionar sobre cómo se utilizan o se protegen esos bienes, y quién está legitimado para hacerlo. En fin, es ésta una cuestión con muchas facetas y donde es difícil tener una idea clara de lo que realmente nos estamos jugando.
Nacho Vegas en el Carrión

Ayer estuve en el primer concierto en vivo al que he ido desde que Micah P. Hinson tocó en el LAVA en el 2012. Ya ha llovido.
Tengo la sensación de que la gente ha quedado bastante tocada por el aislamiento forzoso impuesto. El público, mayoritariamente viejoven, desprendía una melancolía y unos dejes psicopatológicos notables. Los responsables de la sala, obsesionados con la mascarilla, corregían a algunos que se resistían a llevarla puesta, por otra parte bastante mansurrones, pues enseguida obedecían.
Vegas no tiene un repertorio especialmente alegre. Aparte, la selección de canciones y sus propias intervenciones fueron bastante deprimentes (nos habló de la mujer recientemente fallecida que le inspiró no sé qué estrofa y versionó al difunto Prine en asturiano). Excepción hecha de la manifestación de apoyo a Izquierda Castellana perseguida por el “estado español” que fue lo más gracioso del evento al ver las caras del personal preguntándose qué coño decía o de quién estaba hablando. Se echó de menos que se solidarizara con Casado y Levy y sorprendió que no hubiera ningún pronunciamiento sobre la invasion de Ucrania. Por otro lado, no sé de dónde viene esa incapacidad para vocalizar que tienen los artistas alternativos patrios, pero eso es otro cantar.
Su banda era buena (también me hizo gracia la Charo, que durante la presentación de la banda, echó en cara que solo hubiera una mujer en la formación). Creo que la ejecución fue técnicamente pulcra, pero no llegó en ningún momento a dar con la frecuencia natural de resonancia, valga el símil, del público -aparte de las típicas tías pasadas de vueltas de todos los conciertos. Eso y solo eso, es lo que justifica la existencia de la música. En fin, que al terminar, el personal parecía que se iba derecho a la farmacia de guardia para conseguir sus tranquimacines.
Yo me fui a la Mejillonera a por un bocata de calamares, unas bravas y una cerveza para pasar el trago.
Here’s looking at you, kid
No hay que ser un genio, ni siquiera tener una conciencia muy desarrollada para darse cuenta de que la invasión de Ucrania es un atropello. Mi primogénito que no llega a los cinco años, está alarmado por el asunto.
La sensación de miedo y desazón crece cuando lees que Putin también está amenazando a Finlandia y Suecia, si estas naciones solicitan adherirse a la OTAN. Nos pilla un poco lejos, pero la congoja, no desaparece.
Nos hemos pasado de listos. Resulta ridículo tanto aspaviento y tan poca determinación. El principio pacifista que asola esta región nos ha hecho incapaces de contar con el recurso a la fuerza como herramienta disuasoria. Aparte de la confianza ciega en la supremacía norteamericana, mientras, nuestros ejércitos son cada vez menos eficaces, pero adaptan su táctica a la perspectiva de género. Y en Marruecos, el sátrapa se frota las manos.
Uno se plantea: ¿tenemos algo que aportar/exportar? Sólo veo decadencia a mi alrededor. Presumíamos de un sistema democrático que, a la primera de cambio, se ha ventilado para mayor gozo de los que detentan (nótese que digo “detentar”, no “ostentar”) el poder ¿o es que no hemos vivido en un estado de excepción desde hace dos años?
El otro día, volvía en el AVANT de las 19.25. Venían a mi lado dos tipos del PSOE, que llevan en el agio toda su vida adulta. Boomers. El uno, con un cargo orgánico dentro del PSOE, antiguo secretario de estado de algo en lo que no hubiera que trabajar mucho, preocupado por sus cuentas de Twitter. La otra, que luce un cargo en el partido socialista europeo, preocupada porque “Albares quería que fuera a Ucrania”. Comentaron, sardónicamente, el fratricidio de Casado, con media sonrisa, como si en su partido no hubieran vivido nunca esas luchas intestinas (no habrán leído el Manual de resistencia de Perro Snchz).
Aquí, la ley provoca y ampara que los partidos políticos funcionen como auténticas mafias, en las que medran infraseres, como mis compañeros de viaje, capaces de todo, menos de buscar el bien común.
En fin, ayer en alguna plataforma de streaming volví a ver Casablanca. Here’s looking at you, kid.

Three uses of the knife (David Mamet)

Es un ensayo breve pero enjundioso en el que Mamet desarrolla una teoría sobre el drama. Sostiene que tiene su origen en el hecho religioso, aunque está separado del mismo y tiene una existencia autónoma.
Sostiene, asimismo, que es un mecanismo que exige al receptor suspender su presunta racionalidad para que el drama opere.
Lo distingue, también, de la publicidad, que consiste en convencer a la audiencia de las bondades de un producto o servicio, que si realmente fuera necesario, no necesitaría un presupuesto de marketing.
En fin, a pesar de la brevedad, Mamet se despacha a gusto. Hace poco le entrevistaban en el Guardian. Tiene pinta de ser un señor al que ya le importa poco lo que puedan decir de él, si no, es difícil de entender un discurso tan libérrimo y absolutamente contrario a la corrección y dogma contemporáneo.
* * *
A one-hour flying visit to the Louvre is not an experience of Art (it barely even qualifies as «Art Appreciation», that scholastic nonsense of my youth). Now consider a museum with millions of «experiences» and those not masterpieces but advertisements. That is what we find on the seven hundred channels of video.
What right-thinking individual would spend hours, hours every evening, watching advertisements? Is it not clear that a product which must spend fortunes drawing attention to itself is probably not one we need?
In watching the television, in buying the product, we endorse the expenditure, we silently worship the idea of wealth, the idea of a state beyond strife–like the commoner who is unable to stop calling the duchess «My Lady.»
We will not encounter art in information any more than we will find love in the arms of a prostitute. And we know it. Information, the destructive countervailing force, travels under the mantle of art, or its more humble simulacrum, entertainment, as rapine and pillage go by the name Lebensraum or Manifest Destiny or the Monroe Doctrine.
We are, in the grip of this phenomenon, entering a new dark age. The information age is centralizing knowledge, rendering it liable to despotic control. We can write letters and deliver them by hand. If, however, we comunicate only over the phone lines, the flip of one centralized switch renders us isolated.
Similarly, if «information» is centralized in government-controlled «computer banks,» liable to power outage or any electronic mishap, might one not intuit that, yet again, the culture is voting for/being impelled explain their power over us by fervently advocating them, by defining their unquestionable, irresistible power as financial cornucopia and, by extension, as «good.»
In entertainment, we, as a culture, change from communicants to consumers. We become like the terrible supermarket test groups so beloved of the Hollywood minds: empowered judges, accountable to no one, passing on each moment of each presentation–thumbs up or thumbs down.
We publish the grosses of motion pictures as news.
Might we not next publish the current quote of paintings, to assure us of our correctness in granting them a moment of our time? To a certain extent, we already do this by sticking them in a museum.
The demand of immediate gratification is death for any art which takes place over time. That the audience be teased, disappointed, reassured, frightened, and finally freed is the essence of dramatic/musical form. It has to take place over time, and it must contain reversals. And the greater the art the more upsetting, provoking, «dramatic» those reversals are–it is only, and necessarily, garbage that «makes us feel good all the time.»
A G minor IIth means nothing in itself. It’s a jumble of notes. Even given a key of B flat, it means little more. We don’t know what it «means» until we hear its place in a particular composition.
Just so with the phrase «I love you,» just so with the «recognition scene» or the » death scene.» A temporal art demands the attention of the individual over time-an individual content to be piqued, to doubt, to be misled, to mourn, to, finally, consign herself to a process.
In this process the viewer goes through the same journey as the protagonist–which is, by the way, the same journey as the author.
Just as comercial pabulum reduces all of us (the creator, the «producer,» the viewer) to the status of consumer slaves, so dramatic art raises the creators and the viewers to the status of communicants. We who made it, formed it, saw it, went through something together, now we are veterans. Now we are friends.
How different from the drugged individuals sitting in front of flickering television screens, trying to explain the lunacy of their activity to themselves by calling it entertainment or «becoming informed.»
(pp. 58-61)
El fondo de la botella (Georges Simenon)

Esta novelita ambientada en algún momento del siglo XX en la frontera de México y Arizona, contrasta notablemente con las de Cormac McCarthy, pues es una sucesión continua de diálogos y soliloquios. McCarthy tiende a ser “ultralacónico”.
Esaú y Jacob, Caín y Abel. Cruzar la frontera cuando el rio ha crecido por las tormentas veraniegas, mientras una partida de rancheros persgiue al fugitivo, hermano del narrador. El narrador tiene un gran concepto de si mismo, es bastante auto indulgente, y en eso, creo que todos nos podemos sentir identificados. También es cierto, que si no, es difícil poder avanzar y no caer en una depresión de caballo. La muerte nos redime.
Hasta ahora, no había leído nada de Simenon. El tipo resulta que anduvo mucho por La Rochelle y alrededores, al parecer, tiene alguna novela ambientada en el Café de la Paix de la Plâce Verdun. Esa ciudad y sus alrededores me parecen un sitio muy agradable.
El final del affaire (Graham Greene)

La peli de Neil Jordan está bastante bien, pero omite o difumina uno de los personajes que, siendo secundario, hace que la película pierda cierto elemento trascedente. Me refiero a Smythe, el racionalista.
Me recuerda a Hazel Motes, el protagonista de Sangre Sabia de Flannery O’Connor, pues en el fondo ambos son testigos y objeto de la Gracia.
La mera existencia de ateos, presupone la propia existencia de lo que pretenden negar.
Por lo demás, uno se identifica, si quiera parcialmente, con la actitud obsesiva de Bendrix. También, sospecho, que algo del pelmazo y anodino Miles tengo. Al final, uno no deja de ser un oficinista dedicado a problemas que poco o nada tienen que ver con el Reino de los Cielos.
Estando a las puertas de una guerra en Ucrania, estado asociado a la UE, creo que, como entonces, estamos a las puertas de un conflicto mayor. La diferencia es que ahora, la pugna no es entre opciones políticas radicalmente opuestas. Los estados en liza, todos, se rigen por la economía de mercado. El experimento de la UE ha sido satisfactorio en lo que a mantener la paz en Europa occidental se refiere, ahora, adolece de ciertos defectos que hacen plantearse la necesidad de centrar el tiro de nuevo.
Cuando estudiaba Comunitario en la facultad, tenía la impresión de que era el mal menor: es preferible que unos funcionarios en Bruselas te priven de decidir sobre en qué se gasta el erario, que que lo hagan los cenutrios locales, que sólo se dedican a fortalecer sus redes clientelares para no perder el coche oficial.
Los cenutrios locales, diez años después siguen estando ahí. Alberto Casero, el diputado del PP, como caso paradigmático. Uno sospecha que Cesare Lombroso, el padre de la crimonoloigía, no andaba descaminado. Un tío con cara de tonto, es muy posible que sea tonto.
Ahora, los cretinos de la Comisión han optado por imponer políticas absurdas que nada tienen que ver con nuestra tradición y nuestras instituciones. Estamos en el peor de los mundos. Rodeados de cenutrios.
“… la cualidad específica de la desesperación es exactamente ésta: no tener conciencia de ser desesperación” Søren Kierkegaard
Con esa cita empieza la novela de Walker Percy “The Moviegoer”. El prota, Jack “Binx” Bolling, me recuerda a Arturo Bandini, el personaje de John Fante. Ambos personajes describen al varón adulto que no sabe muy bien qué coño tiene que hacer.
Veo en las secciones de cultura de la prensa on-line (la que todavía se puede leer sin pagar) cierta eclosión de novelas o relatos de la escena “indie” patria de la primera y segunda década del siglo. La que me tocó vivir a mí. En el mejor de los casos, se tratan de crónicas-venganza que describen los intereses comerciales más bajos de ciertos personajes y promotores de eventos, como si esto no fuera un producto más sometido a las reglas del mercado y al engaño de la mercadotecnia.
Hay también algún relato de “tontilona” que ahora se siente manipulada y agradecida a la generación venidera por haberle demostrado que no era falta de juicio ni de virtud su puterío, si no que simplemente, aquella era una dinámica muy patriarcal.
En fin, da un poco de pereza. Uno que, más o menos, vivió aquella época, no se siente muy identificado con ninguna de esas historias. Alguno llega a sostener que aquella escena era de gente esencialmente tímida que utilizaban la música -intensa, en el mejor de los casos- y el alcohol para deshinibirse. Lo de la timidez, podría llegar a aceptarlo, pero ni eso.
Hasta la fecha, creo que lo mejor que se ha hecho para describirla son las dos pelis Terrence Malick, Knight of Cups y Song to Song. Malick, un viejuno.
La diferencia entre Bandini, Binx y los de mi generación, es que los primeros, al menos tienen sus epifanías que les permiten encarar el resto de su vida con cierto sentido, al menos tienen la intuición de haber encontrado o estar más cerca de identificar su “ikigai”. En cambio, los de mi generación, están bastante perdidos. Atrapados entre los “boomers” con renta disponible y los taraos que vienen después, compartiendo piso con algún cutre empobrecido, en algún trabajo chorra y sin perspectivas, e intentando rascar en Tinder con alguna panchita, ya que las locales, están a otra cosa. Un master “pagao” en desesperación.
¿Quieres seguir por el camino antiguo que recorrieron los hombres perversos?
Est totalitaire toute société où le bouc émissaire réassume son rôle immémorial d’instaurateur et de restaurateur de transcendance, mais dans un climat trop influencé par le savoir biblique et chrétien – le savoir précisément de ce qu’est un bouc émissaire por ressusciter vraiment l’illusion des amis de Job et de tous ceux qui croient vivre dans un univers sans défaut. Les amis décrivent naïvemement cet univers régi par une justice infaillible, univers sans doute atrocement cruel, mais, sans tomber dans le néo-primitivisme, on peut admettre que l’inébranlable conviction de ceux qui l’habitaient lui conférait une espèce d’innocence et de fraîcheur dont les étouffantes parodies totalitaires sont depourvues.
L’exigence de perfection absolue pourrait bien être le point commun entre la société des «amis» et les sociétés totalitaires actuelles. Devant des imperfections trop évidentes pour être niées, devant tout ce qui se refuse trop visiblement à fonctionner correctement, la réaction totalitaire n’est jamais d’abord pragmatique mais judiciaire. Pour aboutir à dessolutions concrètes, l’état d’esprit le plus fécond consiste à penser qu’il n’y a peut-être pas de «coupable». Pour apprendre à guérir la peste, il faut d’abord renoncer aux oracles de Laïos, renoncer à la chasse au bouc émissaire. Les univers totalitaires renoncent à ce renoncement. Ils réintègrent à leur insu, au nom du «progrès», l’univers mental admirablement défini par Eliphaz:
Souviens-toi : quel est l’innocent qui a péri?
Où donc as-tu vu des justes exterminés?
Je parle d’experience: ce qui labourent l’iniquité
et sèment l’affliction les moissonent.
Sous l’haliene de Dieu ils périssent,
au souffle de sa colère ils sont anéntis (4, 7-9)
On comprend sans peine pourquoi les trois amis pensent comme ils le font. Ils ont toujours participé aux affaires dont parle Eliphaz du côté des lyncheurs, du côté de la communauté. Les Justes sont ceux qui ne se font jamais lyncher et qui finissent leur existence aussi bien qu’ils l’ont commencée.
Ceux qui se font lyncher, en règle générale, ne sont pas là pour en parler: cela précisément fait des discours de Job une exception extraordinaire et une abomination pour tout un univers qui ne peut voir dans ses plantes qu’une subversion impardonnable de l’idée même de justice divine.
Aux yeux des amis, tant qu’il n’y a pas de Job pour troubler le jeu du processus victimaire, tout est forcément pour le mieux dans le meilleur des mondes. La vengeance divine pourchasse toujours les autres; seuls les méchants, de toute évidence, se font piétiner par la foule. Dans ces conditions, n’est-il pas naturel de penser que le monde est extrêmement bien fait?
Ceux que le mécanisme du bouc émissaire enveloppe et persuade entièrement vivent das un monde toujours conforme aux exigences de la Justice. Si, momentanément, ce monde cesse d’être juste, tôt ou tard le processus victimaire interviendra pour le rétablir dans sa perfection. Les amis constatent bien cela dans le cas de Job, comme le narrateur du Psaume 73. Les armées célestes sont parfois un peu lentes à se mettre en route mais, une fois qu’elles s’ébranlent, le compte des malandrins est vite réglé. Toujours, en fin de compte, les bons et les méchants reçoivent du dieu ce qu’ilsméritent en ce bas monde. C’est la très puissante idée de la rétribution: aspect essentiel de tout système de représentation mythologique.
«La route antique des hommes pervers» René Girard, Grasset 1985, pp. 140-141
El desierto de los tártaros
Giovanni Drogo contemplaba desde la muralla de la fortaleza Bastianni cómo avanzaba la construcción de la carretera de la que, algún día, acaso se sirvan los invasores del Norte para atacar su república. Giovanni ya tiene 34 años. Aún le quedan unos cuantos años para pasar a la reserva y sigue esperando su momento de gloria.
Recientemente ha recibido una carta de su madre en la que habla de la posibilidad de cambiar de destino gracias a la intercesión de su tío. Ante la perspectiva de un nuevo destino lejos de la fortaleza siente vértigo. Ya conoce todos los recovecos de la fortaleza y a todo el contingente del cuartel. Los conoce tan bien cómo las grietas que había en el techo de su dormitorio en la casa en la que pasó su infancia y que repasaba todas las noches antes de dormir. Contemplar día tras día el amanecer y la puesta de sol desde la fortaleza se ha convertido en un ritual. Aunque sigue albergando la esperanza de que la invasión se produzca, en su fuero interno no deja de cuestionarse si realmente no está perdiendo el tiempo.