R. era varios cursos mayor que yo. La primera vez que traté con él fue una tarde que vino con Simba al monte a cazar conejos con hurones habiendo sido invitados por mi hermano mayor en algún momento a finales del siglo XX o en los albores del XXI. Recuerdo el hedor de aquellos bichos y lo emocionante que era verles entrar y salir de las huras con pelo o sangre en la boca.
La siguiente vez que coincidí con él fue en el 2003 ó 2004, en la Comandancia de la Benemérita de Valladolid, haciendo el test del permiso de armas. Por mi edad, no podía conducir entonces y tuvo el detalle de llevarme al campo de tiro en Mojados donde se hacía la práctica. Creo que conducía un Citroen. Todo el mundo superó la prueba, desde una chica menuda que nunca había pegado un tiro pero quería heredar las armas de su padre, hasta un chaval de pueblo con ojo zurdo dominante que disparaba haciendo un escorzo extraño con la escopeta.
La siguiente vez que coincidimos fue en una tirada de palomas en las Cortas de Blas en el año 2015. Por aquel entonces, aún vivíamos en Barcelona. Mandy estaba embarazada en ese momento y no lo sabía. R. ya se había casado con M. y ya habían tenido a I.
Volvimos a coincidir en 2017, cuando nos mudamos a Valladolid. P. y A. iban a la misma guardería pero a grupos distintos, empezaron a ir al cole juntos después de la guarde y ahí se hicieron inseparables. Fue entonces cuando empezamos a vernos con mucha más frecuencia.
Atesoro grandes recuerdos con él: tiradas al plato, barbacoas, cocidos, jornadas de caza en Fombellida, excursiones por Castilla, Cantabria, la Franca, e incluso el viaje a La Romana. La convivencia en Ávila con los niños, unos cuantos partidos como tifosi de los críos…
Les pedí a él y a M. que fueran los padrinos de Ana Catalina en una montería en Sayago en febrero porque tenía la certeza de que cumplirían con su deber llegado el caso.
Nos volveremos a ver. Pido al Señor que lo acoja en su seno y que no deje de velar por M. y los niños.