Y así, queridísimo tito Escrutopo, envuelto en patochadas de apariencia científica, he conseguido montar un estado de alarma mutante que permite todo tipo de experimentos de control social con el pueblo acogotadito. Primeramente, se le concedió la limosna de que sus hijos pudieran ser paseados, en trato de igualdad con los perros; y ahora aguarda expectante que lo dejen echar una carrerita, como a un perro al que se le afloja la correa. Para disfrutar de este momentazo gregario, tu sobrinito Orugario se acaba de embutir un disfraz de súcubo siliconado, con top melonero y mallas apretonas, de las que hacen sudar entre las peñas feroces, para tentar a todos los españolitos que salgan a corretear, impetuosos como miuras tras el encierro; y, a poco que arrimen cebolleta, les voy a pasar un cargamento coronavírico de magnitudes atómicas. En un par de días, volveré a escribirte, dilectísimo tito, para contarte mis aventuras trotonas; y, de paso, te revelaré cuán importante es la idolatría científica para nuestros propósitos.
J.M. de Prada “Cartas del sobrino a su diablo (V)”
30 de abril
Algunos escolios al hilo del sinfinamiento
Nunca estaremos lo suficientemente agradecidos a Nicolás Gómez Dávila.
Mientras más graves sean los problemas, mayor es el número de ineptos que la democracia llama a resolverlos.
Al vulgo no le importa ser, sino creerse, libre. Lo que mutile su libertad no lo alarma, si no se lo dicen.
Los pesimistas profetizan un futuro de escombros, pero los profetas optimistas son aún más espeluznantes anunciando la ciudad futura donde moran, en colmenas intactas, la vileza y el tedio.
Reformar la sociedad por medio de leyes es el sueño del ciudadano incauto y el preámbulo discreto de toda tiranía. La ley es forma jurídica de la costumbre o atropello a la libertad.
El miedo es el motor secreto de las empresas de este siglo.
El imbécil no descubre la radical miseria de nuestra condición sino cuando está enfermo, pobre, o viejo.

Torra nos invita a ser optimistas
Pleurotus eryngii
Con las lluvias y las buenas temperaturas que estamos teniendo el campo se va a llenar de setas de cardo (pleurotus eryngii).
Hay otras dos cosas que están proliferando como setas estos días, a saber: las newsletter de los despachos de abogados y las publicaciones de escuelas de negocios con fórmulas para navegar esta crisis (supongo que, siendo humildes y un poco pesimistas, a lo sumo aspiramos a mantenernos a flote).
Esas publicaciones, por lo general, tienen la profundidad de un charco de tormenta primaveral. Tienen en común la repetición de expresiones o sintagmas que se ponen de moda, aunque su alcance y contenido es más bien escaso. En los boletines de los despachos las expresiones de moda son ‘fuerza mayor’ y ‘rebus sic stantibus’. En las publicaciones de HBS, MIT Sloan o IESE, la moda son expresiones como “new normal” o “cash is king” o cómo mantener reuniones efectivas por Teams, Zoom y demás inventos, que no pasan de obviedades, y en el mejor de los casos, algún modelo estadístico sobre el posible avance de la pandemia en el país, si bien, los autores reconocen que los datos de partida provienen de fuentes gubernamentales, lo que nos da una idea de la utilidad del modelo.
Al menos las setas salteadas con ajo y perejil se pueden comer.
* * *
Newtral de Judea (sobre el origen bíblico de la manipulación informativa)
Mt 28, 11:15 “Mientras ellas se iban, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los príncipes de los sacerdotes todo lo sucedido. Se reunieron con los ancianos, se pusieron de acuerdo y dieron una buena suma de dinero a los soldados diciéndoles: —Tenéis que decir: «Sus discípulos han venido de noche y lo robaron mientras nosotros estábamos dormidos». Y en el caso de que esto llegue a oídos del procurador, nosotros le calmaremos y nos encargaremos de vuestra seguridad. Ellos aceptaron el dinero y actuaron según las instrucciones recibidas. Así se divulgó este rumor entre los judíos hasta el día de hoy.”
No s’està enlloc com a casa
“Ell demà serà capaç
Ella demà estarà més guapa
És nit freda per ser abril
No s’està enlloc com a casa”
Echando el rato



Joni, Joni, I am very busy.
El veloz murciélago hindú…
… era sospechoso de portar el SARS-COV-2, comía feliz cardillo y kiwi.
“La locura de Almayer” es la primera novela que publicó Joseph Conrad. Tomo prestado el nombre de la novela y de su protagonista para esta modesta aventura. No existe una identificación entre el personaje, la historia y yo mismo, simplemente: necesito un alter ego.
Podría haber escogido algún otro seudónimo por ejemplo, “Mandrizábal”. Mandrizábal es el nomen gentilicium de una familia mítica que surgió del cruce de un vascón con un mandril cuya romanización se cree que tuvo lugar en algún momento del siglo I de nuestro Señor. De esta estirpe surgió un personaje de mi infancia, que traíamos a la vida mi hermano mayor y yo para hacer el burro. Mandrizábal estaba hecho de otra pasta: podía abrirse la crisma y no derramar una sola lágrima.
No tengo, tampoco, ninguna pretensión literaria. Esto es un puro pasatiempo dado el confinamiento forzoso al que estamos sometidos. Para un lobo y su familia, esta situación resulta muy molesta: el lobo es un animal salvaje que necesita libertad ambulatoria como el comer.
Hace muchos años, según sostienen ciertas teorías de la ciencia prehistórica, algunos miembros de nuestra especie descubrieron la verdad detrás del refrán “quién a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”. El árbol eran esos grupos de seres bipedestantes y omnívoros, que debido a su alimentación a base de proteínas animales, desarrollaron una capacidad cognitiva sin par en la Naturaleza. Hoy, están cretinizados, con toda probabilidad, por un proceso de involución que llaman “veganismo”.
Los tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-tatara-[…]-tataranietos de aquellos cánidos traidores constituyen hoy un poderoso lobby con influencias que llegan hasta las más altas esferas del poder: el club Bilderberg, la Fundación Bill & Melinda Gates, o la Dirección General de Derechos de los Animales (sic). Véase:

¿Es que nadie piensa en los lobeznos?
En fín. Siempre podemos consolarnos con un poco de música.