Películas

La semana pasada empecé las vacaciones. Dado que por circunstancias ajenas a mi voluntad no he podido traerme a mi retiro estival en Poitou-Charentes los libros que tenía previstos, estoy supliendo su falta con películas de todas las plataformas habidas y por haber. Sigue un listado cronológico, que iré actualizando:

1. 1917 – Sam Mendes (Amazon Prime Video)
Ni fú ni fá. Un homenaje del director a su abuelo.

2. No country for old men – Hermanos Coen (Amazon Prime Video)
Es una buena adaptación de la novela homónima. Ya la vi en su momento y creo que envejece bien.

3. Overlord – Julius Avery (Amazon Prime Video)
Fui víctima del algoritmo de Amazon, pero es entretenida.

4. Lost in Translation – Sofia Coppola (Amazon Prime Video)
Había visto hace poco la que estrenó en Apple TV, y tenía ésta pendiente de ver. “”For relaxing times, make it a Suntory time”.

5. Without Remorse – Stefano Solima (Amazon Prime Video)
Entretenida. La típica historia de venganza con Navy Seals por encima del bien y del mal.

6. Dersu Uzala – Akira Kurosawa (Amazon Prime Video)
Una película preciosa.

7. Sorcerer – William Friedkin (Filmin)
Re-make muy notable del Salario del miedo.

8. The Stagecoah – John Ford (Amazon Prime Video)
Un verano sin westerns clásicos no es verano.

9. Boss level – Joe Carnahan (Amazon Prime Video)
Entretenida.

10. King of New York – Abel Ferrara (Filmin)
Christopher Walken sale de la cárcel y la lía.

11. The killing of a Chinese bookie – John Cassavetes (Filmin)
Cosmo Vitelli se mete en un lío.

12. Carlito’s way – Brian de Palma (Filmin)
Carlito sale de la cárcel, es un hombre nuevo…

13. Danger Close – Kriv Stenders (Amazon Prime Video)
De como el Vietcong casi se pasa por la piedra a los Aussies. Recomendación del algoritmo, entretenida, pero nada del otro mundo.

14. Segunda temporada de Modern Love – John Carney (Amazon Prime Video)
Hay algún episodio muy bien hecho, pero vamos.

15. The Long Goodnight Kiss – Renny Harlin (Amazon Prime Video)
Quintaesencia del cine noventero. Con homenaje a The Long Goodbye de Altman.

Poema a una joven madre

José Luis de la Cuesta «Cosas que me has contado» Los Papeles del Sitio, Sevilla, 2015

Joven mamá,
no es solo que comparta con Quintana
la opinión de que lo mejor de los bebés
son sus madres.
Ni ese vestido que llevas
rezagado del verano.
Ni la influencia en mi generación
de las comedias americanas para adolescentes.
Ni el joven amor que derramas sobre tu baby.

Joven mamá,
si hoy te miro ensimismado,
es porque me recuerdas a las mujeres celtas.
Cautivas que, según Maurois,
tras las invasiones germánicas,
lograron legar a la lengua de Inglaterra
su pequeño ajuar de palabras domésticas,
como kradle, cradle, cuna.

Joven mamá,
en medio de esta invasión bárbara
de palabras ideologizadas,
en medio de esa persecución
contra eso – no sé el qué-
que representas y ellos odian,
disculpa si se me cae la baba
cuando le dices a tu niño
que no tire el sonajero.
Sonajero.
Que no salte de la cuna.
Cuna.

8 de enero de 2021. Avant 08199.

Tormenta Filomena. Dos sueños.

El autor comenzaba el segundo curso de un programa de postgrado en administración de empresas en una prestigiosa escuela de negocios en Madrid. Se había desplazado allí en el Avant 34078 de las 8:11. Las clases discurrían con normalidad (una sesión sobre análisis y tratamiento de datos-correlación y regresión lineal-, dos sobre estrategia corporativa y otra sobre el nuevo escenario tras la pandemia y estrategias de marketing). A mediodía, los responsables de la escuela comunicaron que se cancelaban las clases del día siguiente por las perspectivas meteorológicas. Al comenzar la última sesión anunciaron que se suspendía para poder abandonar el lugar lo antes posible ante el previsible caos circulatorio.

La esposa del autor se encontraba en la última semana de gestación de una niña. Por lo que el autor tras comprobar que, aparentemente, los servicios de RENFE no estaban afectados por la tormenta, procedió a adelantar su billete de regreso a casa. Un compañero de curso se ofreció a acercar al autor a la estación de Chamartín en su SUV desde el campus.

– “Pedro, no hace falta, es mejor que me acerques hasta tu casa y me voy en Metro a la estación.”

Caso omiso. La buena voluntad del compañero, hizo que fuera imposible llegar a la estación y debieron abandonar su vehículo en algún punto cercano a las Cuatro Torres.

Con cierto retraso anunciaron por la megafonía de la estación que el AVANT 08199 de las 19.25 estaba en el andén 20. El autor se sentó en el asiento 109 del coche 3 a las 19.22. Apenas dos minutos después, fruto del cansancio y de cierto estrés provocado por el trayecto con su compañero, quedó profundamente dormido.

Sueño #1

Viajaba a 2046 (…de vez en cuando, un tren misterioso parte rumbo a 2046. Todos los pasajeros que se dirigen a ese lugar, tienen el mismo objetivo: quieren recuperar la memoria perdida, pues en 2046 nunca cambia nada. Nadie sabe realmente si eso es cierto…) y no tenía intención de volver. Pasaba el trayecto pensando en esos versos de Quintana:

As coisas que não conseguem ser olvidadas
continuam acontecendo.
Sentimo-las como da primeira vez,
sentimo-las fora do tempo,
nesse mundo do sempre
onde as datas não datam.
Só no mundo do nunca existem lápides…

* * *

A las 19:40, el autor se despertó con las voces apresuradas del revisor, que iba hablando con “León”- donde está el centro de control de la alta velocidad española- porque la “unidad” estaba averiada. Por suerte, el tren no se había desplazado más de 200 metros desde la salida. Pidieron al pasaje que regresara a la estación y esperara al AVE de las 20.25, donde se les recolocaría. Mientras Filomena arreciaba.
A las 20.33 el autor se sentó en el coche 5, plaza 62 del AVE de las 20.25. Al poco volvió a quedarse dormido.

Sueño #2

Resultó que a la altura de Carbonero el Mayor el tren quedó atrapado en la nevada. Al principio el ánimo del pasaje era bueno. Conforme pasaban las horas, empezó a cundir el nerviosismo y la preocupación por qué haríamos para sobrevivir hasta que la UME pudiera venir a rescatarnos. Pronto se hizo evidente que tardarían al menos dos días. No había vituallas en el tren, dado que con las medidas por la pandemia el servicio de cafetería estaba suspendido. El pasaje puso en común la comida disponible: apenas una bolsa de chaskis y unos sándwiches del Rodilla con un aspecto manifiestamente mejorable. Se improvisaron lámparas con los botes de gel hidroalcohólico.
Se organizó una votación: en caso de necesidad, todo el mundo convino que sería aceptable recurrir a la antropofagia para que la mayor parte del pasaje pudiera sobrevivir. Almudena, una joven funcionaria entrada en carnes, fue elegida por mayoría simple en segunda ronda.

Una cena hace 11 años

Bastó un risotto de setas y una butifarra con patatas “al caliu”.

Aniversario Vol. 1

Nosotros que esperábamos de un verso
lo que los marineros del océano,
nosotros que pensábamos que un día
y después fueron meses, años, décadas,
nosotros tan seguros de que haríamos
el amor y luego tantas cosas
aquí estamos, ya ves, después de todo,
bajando la basura, acostando a los críos,
apurando los días como si fueran vino,
pensando que el futuro es un sombrero
que a buen seguro nos quedará grande.
Aquí estamos, ya ves, quién nos lo iba a decir
que la vida era esto y que nosotros
íbamos a pasar de la pareja al póker
sin tan siquiera haber marcado la baraja.
Nosotros que esperábamos de un verso
lo que los marineros del océano
seguimos desaguando este barco inestable
sin llegar a buen puerto, pero quién
necesita pisar la tierra firme
pudiendo naufragar aquí contigo.

de “Una extraña ciencia”, Rodríguez, J. Hiperión 2019.

Bullshit-job

De la reseña del New Yorker del libro Bullshit Job de David Graeber:

In the course of Graeber’s diagnosis, he inaugurates five phyla of bullshit work. “Flunkies,” he says, are those paid to hang around and make their superiors feel important: doormen, useless assistants, receptionists with silent phones, and so on. “Goons” are gratuitous or arms-race muscle; Graeber points to Oxford University’s P.R. staff, whose task appears to be to convince the public that Oxford is a good school. “Duct tapers” are hired to patch or bridge major flaws that their bosses are too lazy or inept to fix systemically. (This is the woman at the airline desk whose duty is to assuage angry passengers when bags don’t arrive.) “Box tickers” go through various motions, often using paperwork or serious-looking reports, to suggest that things are happening when things aren’t. (Hannibal is a box ticker.) Last are “taskmasters,” divided into two subtypes: unnecessary superiors, who manage people who don’t need management, and bullshit generators, whose job is to create and assign more bullshit for others.

https://www.newyorker.com/books/under-review/the-bullshit-job-boom

C.N. Parkinson en los 50, ya describió el fenómeno con bastante gracia, no es nada nuevo. Para D. Graeber el origen es una expresión de lo que denomina “managerial feudalism”: un complejo enredo económico, de redistribución, limosnas, organización y poder e influencia social.

Es notable el influjo de los Estados en la creación de este tipo de trabajos sin sentido. Un ejemplo paradigmático de esto es la normativa de prevención de blanqueo de capitales y financiación del terrorismo, y con carácter más general, el compliance. Se trata de un vasto corpus normativo que persigue unos fines loables, pero que en la práctica se reduce a la creación de burocracia inútil e ingente a la que las organizaciones deben dedicar recursos. En torno a esta burocracia, una plétora de profesionales y especialistas dedicados a cubrir todas las necesidades generadas por la norma, consiguen una forma de vida, un salario con el que financiar su ocio. Sólo cabe preguntarse si el objetivo de los legisladores es desincentivar a los desaprensivos y sátrapas que abrumados por los ingentes deberes formales que deben cumplir, decidan abstenerse de realizar conductas ilícitas.

En fin, sería injusto ignorar la cantidad de trabajo absurdo generado por otras normas jurídicas imperativas en otros ámbitos, como el propio derecho de sociedades (con todas esas obligaciones que obligan a dejar un pequeño peaje en los Registros Mercantiles, como la “legalización telemática de libros” o la renovación del código ”LEI”) o el derecho administrativo o tributario.

Al final, se impone la sospecha de que el Estado del Bienestar reconduce sus esfuerzos haciendo que las organizaciones creen y mantengan asalariados cuyo trabajo, realmente, aporta poco o nulo valor. Salvo que se entienda que el mantener a gente ocupada con estas tareas tiene valor, claro está. La ociosidad que imaginaba Keynes que vivirían sus nietos, nunca ha llegado. Las máquinas tampoco parece que vayan a acabar de desplazar o sustituir estos trabajos a los que nos referimos aquí pronto.

En cualquier caso, tampoco hay que olvidar el estudio sobre esta cuestión de Cicerón en De Officiis, en su época, estos fenómenos ya existían, y me veo obligado a suscribir su cita: Omnium autem rerumex quibus aliquid adquiritur, nihil est agri cultura melius, nihil uberius, nihil dulcius, nihil homine libero dignius.

El mismo mundo, un poco peor.

Empieza con cierta gracia esta carta de Michel Houellebecq:

Il faut bien l’avouer : la plupart des mails échangés ces dernières semaines avaient pour premier objectif de vérifier que l’interlo­cuteur n’était pas mort, ni en passe de l’être. Mais, cette vérification faite, on essayait quand même de dire des choses intéressantes, ce qui n’était pas facile, parce que cette épidémie réussissait la prouesse d’être à la fois angoissante et ennuyeuse. Un virus banal, apparenté de manière peu prestigieuse à d’obscurs virus grippaux, aux conditions de survie mal connues, aux caractéristiques floues, tantôt bénin tantôt mortel, même pas sexuellement transmis­sible : en somme, un virus sans qualités.

A lo largo de la carta dice otras cosas interesantes pero el resumen es que “nous ne nous réveillerons pas, après le confinement, dans un nouveau monde ; ce sera le même, en un peu pire”, esto es, que después del confinamiento no despertaremos en un mundo nuevo, si no en el mismo, un poco peor.

Para Inés

It has frequently been observed that terror can rule absolutely only over men who are isolated against each other and that, therefore, one of the primary concerns of all tyrannical government is to bring this isolation about. Isolation may be the beginning of terror; it certainly is its most fertile ground; it always is its result. This isolation is, as it were, pretotalitarian; its hallmark is impotence insofar as power always comes from men acting together, ‘acting in concert’ (Burke); isolated men are powerless by definition.

Isolation and impotence, that is the fundamental inability to act at all, have always been characteristic of tyrannies. Political contacts between men are severed in tyrannical government and the human capacities for action and power are frustrated. But not all contacts between men are broken and not all human capacities destroyed. The whole sphere of private life with the capacities for experience, fabrication and thought are left intact. We know that the iron band of total terror leaves no space for such private life and that the self-coercion of totalitarian logic destroys man’s capacity for experience and thought just as certainly as his capacity for action.

The Origins of Totalitarianism by Hannah Arendt, Chapter 13.