
Hace ya unos meses que lo leí, así que siguen unas líneas de lo poco que me acuerdo. Herzog nos cuenta la historia de Hiroo Onoda, el oficial de inteligencia japonés que continuó luchando en una isla filipina durante tres décadas después de la derrota del Eje (porque no sabía que la guerra había acabado y había recibido ordenes de no rendirse al enemigo bajo ningún concepto).
Es una historia realmente singular y completamente verídica. Es el cumplimiento de una misión llevado a un grado superlativo. ¿cómo se puede soportar 30 años de emboscadura por una isla sin recursos y sin contacto con el mando? No me extraña que a Herzog, que dirigió Fitzcarraldo, le gustara la historia y quisiera conocer al protagonista. Es heroico y a la vez ridículo.
El joven japonés que se propone localizarle en la selva, y que tiempo después fallece mientras trataba de localizar al Yeti en el Himalaya, también resulta fascinante. No sé si forma parte de esa civilización, o es algo característico de la humanidad en general y cómo codifica las historias: tanto en la historia de los 47 capitanes (el joven que se había reído del jefe de los ronin y acaba suicidándose en la tumba de los capitanes) como en la peli de los siete samurais, Kikuchiyo, el personaje que no es un auténtico samurai, acaban envueltos y atraídos por la peripecia principal, convirtiéndose o identificándose finalmente con los protagonistas. Podría decirse que es como un mecanismo de réplica y perpetuación del modelo heroico inicial.