No hay que ser un genio, ni siquiera tener una conciencia muy desarrollada para darse cuenta de que la invasión de Ucrania es un atropello. Mi primogénito que no llega a los cinco años, está alarmado por el asunto.
La sensación de miedo y desazón crece cuando lees que Putin también está amenazando a Finlandia y Suecia, si estas naciones solicitan adherirse a la OTAN. Nos pilla un poco lejos, pero la congoja, no desaparece.
Nos hemos pasado de listos. Resulta ridículo tanto aspaviento y tan poca determinación. El principio pacifista que asola esta región nos ha hecho incapaces de contar con el recurso a la fuerza como herramienta disuasoria. Aparte de la confianza ciega en la supremacía norteamericana, mientras, nuestros ejércitos son cada vez menos eficaces, pero adaptan su táctica a la perspectiva de género. Y en Marruecos, el sátrapa se frota las manos.
Uno se plantea: ¿tenemos algo que aportar/exportar? Sólo veo decadencia a mi alrededor. Presumíamos de un sistema democrático que, a la primera de cambio, se ha ventilado para mayor gozo de los que detentan (nótese que digo “detentar”, no “ostentar”) el poder ¿o es que no hemos vivido en un estado de excepción desde hace dos años?
El otro día, volvía en el AVANT de las 19.25. Venían a mi lado dos tipos del PSOE, que llevan en el agio toda su vida adulta. Boomers. El uno, con un cargo orgánico dentro del PSOE, antiguo secretario de estado de algo en lo que no hubiera que trabajar mucho, preocupado por sus cuentas de Twitter. La otra, que luce un cargo en el partido socialista europeo, preocupada porque “Albares quería que fuera a Ucrania”. Comentaron, sardónicamente, el fratricidio de Casado, con media sonrisa, como si en su partido no hubieran vivido nunca esas luchas intestinas (no habrán leído el Manual de resistencia de Perro Snchz).
Aquí, la ley provoca y ampara que los partidos políticos funcionen como auténticas mafias, en las que medran infraseres, como mis compañeros de viaje, capaces de todo, menos de buscar el bien común.
En fin, ayer en alguna plataforma de streaming volví a ver Casablanca. Here’s looking at you, kid.
