Con esa cita empieza la novela de Walker Percy “The Moviegoer”. El prota, Jack “Binx” Bolling, me recuerda a Arturo Bandini, el personaje de John Fante. Ambos personajes describen al varón adulto que no sabe muy bien qué coño tiene que hacer.
Veo en las secciones de cultura de la prensa on-line (la que todavía se puede leer sin pagar) cierta eclosión de novelas o relatos de la escena “indie” patria de la primera y segunda década del siglo. La que me tocó vivir a mí. En el mejor de los casos, se tratan de crónicas-venganza que describen los intereses comerciales más bajos de ciertos personajes y promotores de eventos, como si esto no fuera un producto más sometido a las reglas del mercado y al engaño de la mercadotecnia.
Hay también algún relato de “tontilona” que ahora se siente manipulada y agradecida a la generación venidera por haberle demostrado que no era falta de juicio ni de virtud su puterío, si no que simplemente, aquella era una dinámica muy patriarcal.
En fin, da un poco de pereza. Uno que, más o menos, vivió aquella época, no se siente muy identificado con ninguna de esas historias. Alguno llega a sostener que aquella escena era de gente esencialmente tímida que utilizaban la música -intensa, en el mejor de los casos- y el alcohol para deshinibirse. Lo de la timidez, podría llegar a aceptarlo, pero ni eso.
Hasta la fecha, creo que lo mejor que se ha hecho para describirla son las dos pelis Terrence Malick, Knight of Cups y Song to Song. Malick, un viejuno.
La diferencia entre Bandini, Binx y los de mi generación, es que los primeros, al menos tienen sus epifanías que les permiten encarar el resto de su vida con cierto sentido, al menos tienen la intuición de haber encontrado o estar más cerca de identificar su “ikigai”. En cambio, los de mi generación, están bastante perdidos. Atrapados entre los “boomers” con renta disponible y los taraos que vienen después, compartiendo piso con algún cutre empobrecido, en algún trabajo chorra y sin perspectivas, e intentando rascar en Tinder con alguna panchita, ya que las locales, están a otra cosa. Un master “pagao” en desesperación.