Tormenta Filomena. Dos sueños.
El autor comenzaba el segundo curso de un programa de postgrado en administración de empresas en una prestigiosa escuela de negocios en Madrid. Se había desplazado allí en el Avant 34078 de las 8:11. Las clases discurrían con normalidad (una sesión sobre análisis y tratamiento de datos-correlación y regresión lineal-, dos sobre estrategia corporativa y otra sobre el nuevo escenario tras la pandemia y estrategias de marketing). A mediodía, los responsables de la escuela comunicaron que se cancelaban las clases del día siguiente por las perspectivas meteorológicas. Al comenzar la última sesión anunciaron que se suspendía para poder abandonar el lugar lo antes posible ante el previsible caos circulatorio.
La esposa del autor se encontraba en la última semana de gestación de una niña. Por lo que el autor tras comprobar que, aparentemente, los servicios de RENFE no estaban afectados por la tormenta, procedió a adelantar su billete de regreso a casa. Un compañero de curso se ofreció a acercar al autor a la estación de Chamartín en su SUV desde el campus.
– “Pedro, no hace falta, es mejor que me acerques hasta tu casa y me voy en Metro a la estación.”
Caso omiso. La buena voluntad del compañero, hizo que fuera imposible llegar a la estación y debieron abandonar su vehículo en algún punto cercano a las Cuatro Torres.
Con cierto retraso anunciaron por la megafonía de la estación que el AVANT 08199 de las 19.25 estaba en el andén 20. El autor se sentó en el asiento 109 del coche 3 a las 19.22. Apenas dos minutos después, fruto del cansancio y de cierto estrés provocado por el trayecto con su compañero, quedó profundamente dormido.
Sueño #1
Viajaba a 2046 (…de vez en cuando, un tren misterioso parte rumbo a 2046. Todos los pasajeros que se dirigen a ese lugar, tienen el mismo objetivo: quieren recuperar la memoria perdida, pues en 2046 nunca cambia nada. Nadie sabe realmente si eso es cierto…) y no tenía intención de volver. Pasaba el trayecto pensando en esos versos de Quintana:
As coisas que não conseguem ser olvidadas
continuam acontecendo.
Sentimo-las como da primeira vez,
sentimo-las fora do tempo,
nesse mundo do sempre
onde as datas não datam.
Só no mundo do nunca existem lápides…
* * *
A las 19:40, el autor se despertó con las voces apresuradas del revisor, que iba hablando con “León”- donde está el centro de control de la alta velocidad española- porque la “unidad” estaba averiada. Por suerte, el tren no se había desplazado más de 200 metros desde la salida. Pidieron al pasaje que regresara a la estación y esperara al AVE de las 20.25, donde se les recolocaría. Mientras Filomena arreciaba.
A las 20.33 el autor se sentó en el coche 5, plaza 62 del AVE de las 20.25. Al poco volvió a quedarse dormido.
Sueño #2
Resultó que a la altura de Carbonero el Mayor el tren quedó atrapado en la nevada. Al principio el ánimo del pasaje era bueno. Conforme pasaban las horas, empezó a cundir el nerviosismo y la preocupación por qué haríamos para sobrevivir hasta que la UME pudiera venir a rescatarnos. Pronto se hizo evidente que tardarían al menos dos días. No había vituallas en el tren, dado que con las medidas por la pandemia el servicio de cafetería estaba suspendido. El pasaje puso en común la comida disponible: apenas una bolsa de chaskis y unos sándwiches del Rodilla con un aspecto manifiestamente mejorable. Se improvisaron lámparas con los botes de gel hidroalcohólico.
Se organizó una votación: en caso de necesidad, todo el mundo convino que sería aceptable recurrir a la antropofagia para que la mayor parte del pasaje pudiera sobrevivir. Almudena, una joven funcionaria entrada en carnes, fue elegida por mayoría simple en segunda ronda.